lunes, 4 de mayo de 2015

Vivir

El otro día fui a visitar a unos recién nacidos.  La verdad es que cuando los ves por primera vez, te parecen indefensos, pequeños, y tan necesitados de que los protejas. A los que fui a visitar no eran unos recién nacidos sin más,  eran prematuros, de esos que pesan menos de un kilo. 
Me avisaron que me iban a impresionar,  que era casi inevitable que llorase,  que la emoción saldría a flor se piel. 
Preparada estaba, o eso creía yo. Timbramos,  solo media hora de visita. Y al verlos, eran dos costas chiquitas que se movían más de lo que hubiera pensado. Los vi hermosos, los más guapos del mundo, y aunque intenté que las lágrimas no recorrieran mi mejilla,  más de una se escapó.  
Era imposible emocionarse, ver a aquellas criaturas luchar contra la adversidad ya desde tan pequeños. 
Eran y son unos jabatos, unos luchadores natos que nos demuestran que a veces son más la fuerza de supervivencia que otra cosa. 
Verlos allí,  llenos de tubos, con un pañal que era más grande que ellos, les sobraban por todos lados,me hacían sentir a mi pequeña. Verlos , me recordaron lo efímera que era la vida, como todo puede cambiar en un instante. Me hicieron olvide mis problemas, que a su lado no eran ni siquiera problemas. Ellos, tan pequeños, eran tan grandes y luchadores que ya con solo tres días de vía ya habían recorrido más camino de la vida que muchas personas. 
Les miraba en silencio y sabia que aquello solo sería una anécdota el día de mañana, que superarían estos duros meses y que en breve la alegría inundará sus vidas y la de sus padres. Y olvidarán todos los nervios, la tristeza y desesperación, que intentaban ocultar y que sufrieron desde el principio hasta llegar aquí.  
Es que a veces nos preocupamos de tonterías y nos olvidamos de lo que realmente es importante,  nos olvidamos de vivir!!!!



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