lunes, 25 de mayo de 2015

La mierda

La mierda, como decía mi abuela, cuanto más se remueve, más huele. Eso es así.  Y las cosas cuantas más vueltas les das, más se enredan.
Hay momentos en que nuestro yo interior tiene unos imperioso deseos de remover, oler y echar más mierda. Y todo ello no con la intención de que a peste,  sino de que se ventile, y de que se aclaren las ideas. Aunque todo ello es un esfuerzo inútil,  porque cuando el tufillo desagradable empieza, las personas desconectan y no están dispuestas a escuchar.
En estos casos lo mejor es dejar airear las cosas y que el tiempo pase y cuando la mierda sea abono, poder hablar de ello.
A veces cuesta dejar algo, algún tema en el que nos sentimos parte implicada, o nos afecte de algún modo.  Dar la cosa por zanjada nos resulta complicado,  cuando el caso es que no vemos que se haya solucionado. Pero en casos así,  aunque cueste es mejor dejarlo estar, no seguir insistiendo.
Tal vez en ese momento solo veamos como camino posible seguir insistiendo, pero si seguimos removiendo solo conseguiremos que apeste.
La mayoría de las cosas, cuando pasa tiempo,  cuando las miramos,  olemos o hablamos de ellas desde la distancia, la perspectiva es mejor y casi siempre tenemos mejor visión de los hechos.
No remuevas la mierda, déjala para el abono o para las moscas que están deseosas de ella....

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