miércoles, 2 de marzo de 2016

Mala leche

Me dicen que tengo que sacar más a menudo mi mala leche, cosa a la que me resisto.  Debo reconocer que tengo un pronto,uno de esos arrebatos que puede arrasar más que un tsunami, pero después en seguida se me pasa. No me cuesta pedir perdón y si me he pasado reconocerlo. 
Pero mi mala leche es peor, es decir, esa sale cuando estoy tranquila, y por dentro herida. Mantengo las formas y hasta la sonrisa. Puedo ser, parecer, indiferente, y al mismo tiempo irónica,  sarcástica y enviar dardos al centro de la diana. Y ahí hasta tengo miedo de mi misma, pues en el momento que sale difícilmente se puede detener. 
Aguanto, no sé  ni como, ni hasta cuando, lo que ocurre es que cuando digo basta es basta y sin retorno. En raras ocasiones pierdo mi y tan preciada sonrisa. Quienes me conocen dicen que soy más peligrosa en calma que en tormenta. Esa es la razón por la que no saco a pasear mi mala leche. 
Todos tenemos un punto de aguante y un punto que es límite , los mios están bien diferenciados, aunque no aconsejo que nadie intente encontrar la distancia, es arriesgado. Y además conozco más que nadie mis propósito límites.  
Me aconsejan que de vez en cuando la saque, a lo que respondo que no merece la pena. Cuando se trata de gente estúpida,  lo mejor es pasar, cualquier discusión o acto de presencia de mal estar, solo conseguirá ponernos a su altura, cosa a la que no estoy dispuesta.  Después está,  quienes en algún momento significaron algo en tu vida, y que por diversas razones te han decepcionado o simplemente te han tocado las narices más de lo normal, y ahí si que puede pasar o tormenta o calma enmascarada. Ambas peligrosas, ya que después de eso nada será igual. 
Pero pase lo que pase, para que perder las formas si no hay nada más estupendo que mandar a alguien a tomar viento fresco,sin despeinarse y con una hermosa sonrisa puesta. Esa soy yo y no pienso cambiar. 

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