martes, 2 de junio de 2015

Gato

Dicen que a gato escaldado ni agua fría.  Y es cierto, aunque las personas queramos aplicar dicho refrán,  somos el único animal que tropezamos dos, tres, cuatro , o las veces que haga falta, con la mia piedra o parecida. 
Esto viene a que me he vuelto un tanto desconfiada de la gente, que no me creo del todo sus palabras, que ya me han mentido suficiente. En el mar hay peces de todo, desde pececillos de colores, hasta tiburones, pasando por cangrejos o cigalas. No todos son iguales, aunque todos buscan sobrevivir de algún modo. 
En este mundo todos queremos agradar, caer en gracia, que nos miren con buenos ojos. Nos afecta que alguien hable mal de nosotros o que no le guste nos,  cuando nosotros hacemos lo mismo. Somos así de contradictorios. 
Lo de agradar esta bien, menos cuando lo llevamos a extremos de adulación,  de exceso de jabón,  y de florituras varias. Lo que realmente agrada es ser uno mismo, con defectos y virtudes,  y dejar de adornar al receptor como si fuese tonto. 
Tal vez, por justificarlo de alguna manera, me han adulado y mentido, y en muchos casos sin necesidad, que casa vez que noto esas ganas de agradar me chirría y me hacen saltar las alarmas. Me imagino que no todos son iguales, que habrá gente sincera y gente con ganas de conocer y dejarse conocer. Intento dejarme llevar, pero sin previo aviso se ilumina la luz de alarma, parando toda idea de no pensar o de sentir. 
Es que al final, a gato reclamado ni agua fría,  en mi caso a gata escaldada,  ni gatos amorosos.  

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