viernes, 10 de abril de 2015

Una noche más

El otro día salí a tomar algo con mis amigas, que como no están en la ciudad, cuando vienen no puedo negarme. No quiero ni puedo. Así que después de un día contrareloj, un día que en teoría debiera ser de relax y que no lo fue, acepté quedar con ellas. Con el tiempo justo y sin mucho pensar, y minutos contados llegué  al lugar de encuentro.
Reconozco que de camino al local en que quedáramos,  estuve tentada en más de una ocasión en llamar y darme la vuelta. Como en otras ocasiones pudo más mo compromiso que el cansancio, así que seguí caminando, eso y que me prometieron que nos retiraríamos temprano.
Desde el primer momento la noche primera entretenida y me alegré de haber decido ir. Descubrí un vino que desconocía, y como amantes del buen yantar y el buen beber, disfruté de él desde el primer sorbo.
Me llevaron a un local nuevo, abierto hacia ya unos meses, pero para mi nuevo. Era de esos locales con un encanto que te atrapa desde el momento uno, parecen desordenados y percibes que todo esta calculado y el el lugar adecuado. Unos cócteles después,  y antes de acabar la noche, ya nos habíamos puesto al día de los meses de ausencia de vernos. Teníamos en mente retirarnos temprano y descansar, aunque las noches nunca acaban como planeas.
Me ausenté un ratito y al volver mi amiga estaba animadamente de charla con el dueño del local y otro caballero. Me los presentó y se ausentó ella. Me encanta conversar y cuando alguien tiene buena conversación me atrapa y esta persona tenía conversación.
Mi amiga es funcionaria,  aunque sigue estudiando, y me parece una persona culta,  aunque a veces discrepo mucho con sus puntos de vista. El caso es que la conversación se animó y terminamos dándole un repaso a lo divino, humano y a lo demás allá. Los caballeros se quedaron con nosotras y seguimos hablando,   y las horas pasaron y ya no me retiraría temprano.
Uno de los caballeros y yo entablamos una conexión, verbalmente hablando, y creo que nos podría dar el amanecer y no cansarnos y seguir teniendo de que charlar.  No sé si soy buena conversadora,  aunque me gusta compartir inquietudes, y escuchar lo que los demás tienen que decir.  Y ese fue el caso, y así,  una noche que no esperaba que fuera más que una noche normal, se transformó en una noche especial y en la que además de hacerme sentir genial, me piropearon la mente y me hicieron recordar que tengo más que ofrecer de lo que pensaba.  Y como siempre,  confirmé que las cosas nunca son como esperamos, ni acaban como empiezan.
 
 

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