miércoles, 18 de marzo de 2015

Patio de colegio

Cada vez la vida, las relaciones,  las redes sociales, me recuerdan al patio de colegio de mi infancia. Mi cole tenia un patio bastante grande, recuerdo como se fue transformando, primero era de tierra, y eramos más o menos todos iguales, pisaras donde pisaras,  había tierra. Daba lo mismo,  encontrabas tierra, y cuando llovía se transformaba en barro y todos los zapatos, de marca, de los baratos o de los prestados terminaban embarrados. 
Con el tiempo cubrieron con cemento algunas partes, cambiaron los columpios, incluso los bancos, y así sin quererlo empezaron a distinguirse los grupos y los habitantes del patio. Los mayores oteaban lo que ocurría sin mezclarse con la plebe, los peques. Estaban al corriente de todo, pues los diferentes chivatos, pelotas, siempre estaban dispuestos a narrar, delatar o lo que fuese, por un lugar al lado de los poderosos. 
Después estaban los pelotas, siempre con la palabra adecuada, el juguete con el que agradar, y siempre dispuesto a salvar su culo, dejando el de otro al aire libre. 
Estaban los que siempre se hacían con los columpios. Los matones, vamos. Se apostaban al lado y parecía dueños y señores de todo lo que allí estaba. Si osadas retales, terminarían mal parado, pero si demostradas tenerles miedo,  la cosa era aún peor. 
Y que decir de las guapas, o no tan guapas pero se creían mejor que las demás. Con sus coletas de lazos de raso, sus falditas a cuadros.  Miraban por encima del hombro a las otras niñas que no podían llevar ropa de estrena todos los días. La empatia no era su mayor cualidad. 
También no faltaban los chicos y chicas, que se sentaban solos, que nadie jugaba con ellos. Algunos eran ajenos a su soledad, y otros disfrutaban de ella, encontraban en su sola compañía la posibilidad de protagonizar aventuras increíbles.
Algunos de los que vivían en el patio, pasaban de un bando a otro, sin mojarse excesivamente con unos u otros. Al final ellos eran los más libres, y al mismo tiempo los más prisioneros. 
Y los sabiondos,  empollones, que normalmente vestían gafas, y siempre les acompañaban un libro, cuidadosamente encuadernado e impecable en su interior. 
Y no podían faltar a los que los otros trataban de locos, de ir por libre, y que hacían un poco lo que creían adecuado. A ellos no les imponían los matones de los columpios. Las niñas monas eran demasiado monas, y los pelotas excesivamente lameculos para jugar con ellos. Y jugaban cuando querían con quien querían...
Y si ahora lo pensáis... Y le pones rostro a cada uno de los grupos, no os recuerda a la gente que os rodea en el trabajo, en la vida,  en las Las redes sociales? 

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