sábado, 14 de marzo de 2015

María. El tren

El tren inundó toda la estacionan su peculiar rugido. María pensó para sí, viajeros al tren. Me miró y note cómo su mano agarraba la asa de la maleta con fuerza. Intentaba tranquilizarla,  asegurando de que todo iba a salir bien, aunque no se si por su nerviosismo,  o por intuición algo me preocupaba, sensaciones de desconfianza. 
Nos acomodamos en los asientos y María buscó el móvil en su bolsillo, necesitaba, quería compartir con él que ya estaba en camino. Los mensajes se cruzaban, los ánimos de que pronto todo cambiaría eran constantes. 
María insistía en saber si ya saliera de viaje, cuantas horas le faltaban, si estaba cansado, etc.... Las respuestas era más que esperanzadoras, ya estaba de camino, y todo según lo previsto. 
Le aseguró que estaría allí cuando se bajara del tren. María esbozó una sonrisa, con que poco se conformaba, o con que mucho, según se mire. Por qué no? Por que esas historias que cuentan no le podían pasar a ella? Nunca había dejado de soñar, aunque intentaba tener los pies en la tierra,  esta vez quería volar,  volar y dejarse llevar. 
Por mucho que cerraba los ojos, el sueño no venia en su busca, el nerviosismo le podía. Solo la acompañaba el ruido del tren, algún pasajero inquieto y el ronquido de más de uno que el sueño que ella no tenia se lo habían quedado ellos. 
Poco al poco el cansancio la venció,  aunque el mínimo ruido la volvía a la realidad. Intentaba cerrar los ojos, imaginarse ese instante, pero su cabeza iba por libre, no quería imaginarse, lo que pasaría debiera de pasar, daba lo mismo lo que se imaginarse, en breve todo sería una realidad. 
El amanecer despuntaba, las luces se mezclaban con la claridad que anunciaba un nuevo día. María miraba a través del cristal, ilusionada, con ganas de llegar, ganas de vivir una historia, de dejarse sorprender. 
El tren se detuvo,  entraba en la estación. María me despertó,  se le notaba nerviosa, ansiosa, me miraba, y sonreía. 
Por fin se paró, era hora de pisar firme,  de no mirar atrás. Nos adentramos en la estación, buscando los paneles informativos, allí maría había quedado con el. María escudriñaba a cada uno de los rostros con los que se cruzaba, esperando encontrarle. 
Apoyó la maleta al lado del banco, habían sido demasiado puntuales, así que sacó el teléfono y marco el número que ya se sabía de memoria. 
Ring un tono, Ring otro tono, Ring tono..... Nadie respondió. 

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