jueves, 12 de marzo de 2015

Días grises

Ayer, digo ayer porque cuando escribo estas letras pasan de las doce. Pues eso,  que ayer empezó el día gris, amenazando tormenta, y no tormenta en el cielo, sino en mi día en particular. 
Las brujas, porque algo bruja soy, notamos eso en el ambiente, la rareza en el aire. Y normalmente hacemos caso omiso de esas sensaciones, cómo si fuese posible obviarlas y así creemos que desaparecen. 
Las sensaciones de tormenta, empezaron a primera hora, pero quise mantener la calma y no dejarme llevar por una sensación que nos hacía vulnerables, ante los demás y ante nosotros mismos. 
La mañana se inició gris, con una masa oscura que solo anunciaba malas vibraciones que no quería ni deseaba descubrir. Pasaban las horas como losas inamovibles, que parecIan detenerse y estancarse, cuan más ansiaba que caminasen. 
Al final parecía que solo habían sido alarmas de una bruja desconfiada, pero mi intuición no fallaba casi nunca. Y esta vez no iba a ser una excepción. 
Reuniones de última hora, reuniones no deseadas, en la que entras  dispuesto a no oír más allá que lo necesario. Al final, escuchas, oyes, y participas y te sorprendes de que nada es lo que parece. 
Cambia un poco el día, un rayo de sol se cuela entre tantas nubes negras. Imagino que la amenaza de tormenta ha pasado.  y de nuevo me vuelvo a equivocar. Un último compromiso del día, me encaminó hacia el, y una chispa desata una tormenta inesperada. No sé dónde recobre la calma,  ni la serenidad para no perder los papeles, o hacer el papel más horrendo de mi vida. Me di la vuelta puse una amarga sonrisa y solo acerté a decir...  No voy a discutir. 
Acabó el día de compromisos, llame a una amiga, necesitaba una cervecita aderezada de sonrisas, de aceitunas de no pensar demasiado, y así lo logré. 
El día gris se tornaba en una noche bastante estrellada, y cuando el día parecía no dar de sí, una llamada me despertó del repaso de un día extrañamente raro. Esa llamada de una amiga que tienes ganas de saber de ella, de esa amiga que aunque pase el tiempo sin hablar, parece que estuviste ayer con ella y el tiempo no ha pasado... Y así, ese día gris me ha dejado un amargo dulzor agradable. 

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