miércoles, 11 de febrero de 2015

Compañía

Soledad y compañía, son dos estados,  que aunque pueden ir juntos, normalmente van por separado. Ambos son necesarios para el ser humano. 
Hay personas que buscan desesperadamente compañía. Algunos serán porque no se soportan a ellos mismos y prefieren que los soporten otros. 
Otros,  lo que les pasa, es que no saben estar solos, nunca lo han intentado,  y quienes lo han hecho ha sido superior a sus fuerzas, buscando la compañía en cualquier lugar. Y en muchos casos,  en el lugar menos apropiado. 
Aunque pensemos que estamos solos, nunca lo estamos. Nuestra propia compañía es necesaria para conocernos, analizarnos y crecer. 
Para disfrutar de la compañía de otros, primero debiéramos disfrutar de la nuestra, el saber vivir solos. Es que aunque no lo creamos, si somos capaces de soportarlos a nosotros mismos, ver nuestros defectos y virtudes, siempre nos resultará más llevadero la convivencia con otros. 
Ni el exceso de soledad es bueno ni tampoco su defecto, lo mismo ocurre con la compañía. Cuando uno está sobradamente rodeado de gente, no tiene ni tiempo ni paciencia para escucharse, a si mismo y a sus pensamientos.  
Aunque el estar en soledad y silencio, hace que nuestras opiniones, miedos, pensamientos...tengan conversaciones intensas, tomen forma y poder,  lo cual conlleva su riesgo.
Hay momentos para todo, y para todos. Y ir desesperadamente en busca de compañía no ayuda a que callen nuestras inquietudes, solo las mantenemos entretenidas un tiempo. Y cuándo nos quedemos solos nos asaltaron cómo hienas hambrientas.
Solo,  en compañía de uno mismo y de todos los demás. La compañía de quienes querramos y cuando lo deseemos, no sólo por el hecho de estar solos. 
Si apreciamos nuestra compañía, será mucho más enriquecedora la de los demás. 


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