miércoles, 13 de enero de 2016

El paquete

El paquete sigue en medio del salón.  No tiene un lugar, está  ahí,  donde cada día tropiezo con él. Ni una, ni dos, ni tres, sino un millar de veces.
En algunos momentos me siento en el sillón con una copa de vino en la mano y lo observó,  pensativa y ensimismada.
Deseo abrirlo, y ponerlo en un lugar vistoso, y que cada persona que entre en casa lo vea y disfrute de su belleza.
Deseo que no llego  a cumplir. No tiene sitio en el salón,  por ahora es imposible colocarlo. Así que no lo deswmvjelbo,  y ahí se queda, en el medio de la estancia, recordando me cada día que sigue esperando para que le encuentre el lugar adecuado. Ahí sigue paciente, y a veces puñetero porque parece como si se moviese para que me tope con él  cada que paso.
Llevo días pensando en que debiera volver llevarlo al trastero, dejándolo allí hasta que pueda tener el lugar que le corresponde.
Sé  que si lo llevo del salón,  puedo que me olvide de él, o que simplemente no se conserve como debiera, pueden pasar muchas cosas. Lo que no puedo es estar tropezando me con él  todos los días, con ese paquete que está  en medio del salón,  con ese paquete que quiero desenvolver.  No puedo mirarlo sin saber que hacer, sin poder hacer...
Lo llevaré al desván,  donde lo visitaré cada vez que necesite recordar que aún espera por su lugar, paciente. Y algún día, lo iré a buscar, lo desempaquetaré y lo pondré donde le corresponde, en el lugar más vistoso, justo a mi lado para poder verlo cada día. ...

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