jueves, 27 de febrero de 2014

Una despedida diferente

Después de una temporada fuera, tocaba volver a casa por vacaciones. Te llamé, y hablamos. Quedamos en vernos en unos días, en cuanto estuviese instalada. Hacia tiempo que no tomábamos un café. Las conversaciones telefónicas se habían ido distanciado, no me querías preocupar y me transmitidas que todo iba bien.
Preparé la maleta y puse rumbo a casa. Al llegar, estaba agotada, casa vacía y llena de polvo, mucho por poner en orden. Decidí llamarte en unos días.
El martes ya tenía todo limpio, salí a hacer unas compras, me acordé de ti, pero mejor te llamaba a la noche. Al llegar a casa me lie y se me fue el santo al cielo, mañana sin falta te llamaba.
El miércoles, se antojaba tranquilo, así que buen día para quedar. Hice la comida y a mientras tomaba el café haría la llamada. Estaba a medio comer y sonó el teléfono. No eras tú,  era un amigo común.
Hola, estas sentada?.
Difícilmente olvidaré esas palabras. Si estaba sentada, pero intuí que algo importante me contaría para tanta ceremonia.
Acaba de morir.
Mi primera reacción fue la de una chiquilla que cree que le gastan una broma.
Venga, dile que no tiene gracia y que se ponga al teléfono.
Mi interlocutor se puso serio, y me relató como pudo lo que acababa de pasar. En cuanto asimile que aquello era real, las lágrimas empezaron a brotar recorriendo mis mejillas y no pude detenerlos. Eran silenciosas y salían desde lo más fondo de mi corazón.
Colgué el teléfono, y seguí llorando. Solo por un día no había podido hablar contigo. No me habías dejado despedirme de ti, quedaban tantas cosas que me hubiese gustado decirte. Sabía que desde donde estuvieses las estabas escuchando, pero no me valía, hubiese querido decírtelo a la cara y ver tu nítida mirada clavada en la mía.
Me armé de valor y me dirigí al velatorio. Allí tu familia, tu madre rota, tu hermano distraído, y los demás intentando hacerse a la idea de que te habías ido para siempre. Me fundi en un abrazo con tu madre y las palabras eran silenciosas y no llegaron a pronunciarse, simplemente lágrimas compartidas de dos personas que jamás podrían olvidarte.
Salí hacia fuera, allí dentro el aire empezaba a faltamos. Un buen amigo vino a hacerme compañía. Traía un mensaje tuyo, que te perdonará por no despedirte de mi, pero que no tenias valor para decirme adiós. Me enfadé contigo y lo sabes. Habías ido llamando a cada una de las personas importantes en tu vida, era conocedor de la falta de tiempo que tenias.  Y a mi? A mi me habías dejado un sobre para que me lo entregarán el día que faltarán.
Agarré el sobre y lo apreté con fuerza. Mucha rabia y dolor me inundaba. Lo guardé en el bolso, no era el momento de leerlo, lo haría más tarde en soledad.  Y seguí allí fuera, esperando que todo fuese una macabra broma y que terminaría con tu entrada triunfal gritando inocente. Por supuesto no fue así.
Cerraron el tanatorio hasta el día siguiente. Me subí al coche y decidí volver a casa. A mitad de camino paré el coche. Encendí un cigarro y saqué el sobre. Era el momento de leer tu despedida.
Hola preciosa princesa.................................
...............................................................................................Un viajero que nunca se aleja.

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