domingo, 29 de diciembre de 2013

Una jaula dorada....

Me desperté después de un largo sueño. No fue un sueño de una noche, ni tan siquiera de un día, dormí durante años. Me desperté y me vi rodeada de barrotes relucientes, barrotes dorados pero barrotea al fin. No sé cómo, no recuerdo haberme metido en la jaula, ni que nadie lo hiciera a la fuerza, pero ahí estaba encerrada en una jaula dorada.
El aire circulaba sin problemas y sin embargo me asfixiaba, me sentía atrapada, como si el oxígeno no me llegase. Recorrí cada centímetro del habitáculo, era espacioso, no encontraba la puerta.
Hubo un tiempo en que me tiré al suelo, derrotada, la siruacion me superaba. No tenía fuerzas, sin ganas de luchar por escapar. Terminé por tomar conciencia de mi siruacion, de mi realidad y volvieron las ansias de volar, de salir. No quería huir, sino romper de una vez por todas aquella jaula llena de comodidades incómodas.
Fuera, salir fuera, no sabía que habría fuera pero era hora de averiguarlo.
Después de mucho buscar, encontré la puerta, puerta sin llave ni candado, y conseguí hacerla ceder.
 El miedo se apoderó de mi por momentos, la jaula era confortable a veces y fuera, fuera hacia frío.
En esos instantes que no paras de pensar, de darle vueltas a todo, me detuve delante de la puerta y fuerzas que que no sabía tener abrieron la puerta sin cerradura.  Temerosa y segura a la vez saqué un pie, luego el otro y toda yo estaba fuera. Ya no era frío lo que sentía,  incertidumbremás bien, no saber lo que me iba a ocurrir a partir de aquel momento. Lo que sabía es que era libre, libertad como el mayor de los retos, el mayor logro y la mayor condena, condena sin barrotes. Condena para vivirla, para decidir, para luchar...
Segura empecé a caminar, camino que aún sigo andando al día de hoy.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada