viernes, 20 de diciembre de 2013

Estar, aislarse, estar, aislarse, irse.

Aislarse cuando uno está mal, es una buena salida e incluso necesaria. Necesitamos de soledad y más cuando hay excesiva gente a nuestro alrededor. Las visitas que vienen a hacernos compañía, muchas veces terminan saturando. No es lo que pretenden, pero es lo que consiguen.
Ese agobio, nos encamina a aislarnos. El problema de esa soledad, es que dejamos mucha gente, incluso a personas que no han provocado tal situación. Algunas entienden nuestra decisión, la respeta y acepta. Otra por lo contrario sigue saturandonos a pesar de nuestra claridad.
A esas personas que nos entienden son las primeras que apartarnos, sobretodo por su exceso de comprensión, y sin querer les hacemos daño. A pesar de todo, cuando volvemos a estar en plena forma, tampoco son las primeras a las que llamamos, las relegamos a un segundo plano, por su comprensión. Porque a pesar del todo siempre están ahí.
No valoramos su entrega y tampoco su paciencia en la espera. Y alguna vez, no muy lejana, cuando volvamos a aislarnos, la apartaremos de nuevo. En nuestra soledad encontraremos el norte. Pasado un tiempo, las buscaremos y ya no estará,  se habrán ido cansados de estar ahi. Se irán saturados,  ahora ellos de que no valoremos sus detalles, sus palabras, su paciencia, su cariño.....Y al aislarnos de nuevo ya no estaran a nuestra vuelta y será un aislamiento frío, solitario, y con resquemor por no cuidar a quien tantas veces nos cuidó.


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