domingo, 31 de agosto de 2014

Hace un mes

Hace un mes me acordé de ti, tu número salió en la pantalla de mi móvil mientras buscaba otro. Hacia tiempo que no hablaba contigo, tu habías decido romper con la familia, y no te culpo por ello. Tenias que mantener las distancias,  no sólo kilométricas, las emocionales también. Pasaron los años y en mi memoria seguías, cada vez entendía más el distanciamiento al que nos habías sometido a la gente que te queríamos.
La primera vez que te vi con el, me pareciese una señorade los pies a la cabeza. Me sorprendió que le acompañases y que pareciera feliz a su lado. Claro que una no tenía todos los datos.
Vestías sobria, demasiado para tu edad, aquellas faldas,y las chaquetas, parecían rescatadas del armario de mi madre, mas que del de una chica de cuarenta años. Pero te habían enseñado a que una viuda no debiera ir pidiendo guerra, y a pesar de que tu difunto marido era difunto, estaba demasiado presente.
Conectamos bien,  existió la complicidad desde el principio. Me invitaste a compartir momentos inolvidables, y a que te visitase,  oferta que acepte gustosamente.  Las confesiones se sucedieron y pude desgranar parte de tu dura historia. La empatia para contigo no fue buscada, y surgió, y el vínculo creado no se destruiría ni con el pasar de los tiempos.
Los días transcurrieron y esa llamada que prometi, nunca llegue a realizarla, no por no desearlo, sino por que lo vas posponiendo y mañana será otro día.  Y hace un mes, Vi tu teléfono, me propuse llamarte en las vacaciones.. Y como en mi vida nada es casualidad, el otro día hablando con una amiga común, saliste en la conversación, y me soltó la  fatídica noticia. La próxima vez tengo que llamar, o hacer lo que la intuición me dice.
Justo hacia un mes, decidiste volar hacia otra vida sin despedirte, sin más equipaje que tu alma y los momentos vividos. Allá donde estés, te deseo lo mejor y se que lejos siempre estarás cerca.




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