viernes, 8 de agosto de 2014

Respuestas inesperadas

Estamos listos para oír la repuesta a nuestras preguntas? Eso me lo decía una amiga mientras aseguraba que no me iba a preguntar ciertas cosas por miedo a enfadarse con la respuesta. Mi contestación no iba a ser de su agrado, pues le había prometido algo que por circunstancias no sabia si podría cumplir.
Lo cierto es que su pregunta-afirmacion me hizo pensar. Pero realmente cuando formulamos una pregunta estamos preparados para la respuesta, sea cual sea?. Muchas veces no preguntamos ciertas cosas, porque tememos que la respuesta no sea la esperada, o que esa respuesta nos trastorno y no podamos asimilar ciertas cosas.
Otras veces, esperamos a formular ciertas cuestiones cuando sabemos que lo que nos digan se va asemejar a lo que deseamos, o confirmar lo que pensamos.
Mi abuela decía que ante el vicio de preguntar, está la virtud de no responder. Y así es, hay momentos en los que cierta insistencia en saber lo que no queremos contar, nos hace callarnos. O simplemente el miedo a responder lo que el otro no quiere oír.
No soy mucho de preguntar, y menos cuando aprecio que la gente no quiere hablar.
Lo que ocurre es que a veces, aunque no quieres tienes que interrogar alguien, o ser interrogada. Y ahí, empieza el conflicto, porque la gente no está preparada para escuchar las cosas como son.
Aunque si soy sincera, yo lo prefiero, porque la verdad se puede gestionar, aceptar y cambiar, pero la mentira aunque sea adornada no hay por donde cogerla, o intentar asumirla.
Ante la pregunta de mi amiga, la conclusión es simple, cada uno es cada uno, y habrá muchas personas que no estén listas para recibir las respuestas que no han barajado, y ello le supondrá un gran problema. Y también estará quien aceptará la respuesta, le guste o no, y a pesar de que alguna de ellas no sea la esperada, sabrá gestionarlo y que eso no suponga un conflicto ni para ella, ni para con su interlocutor.
Cuéntame lo que quieras,  respondeme lo que creas oportuno, pero nunca me mientas por miedo a que me moleste... La mentira siempre duele más.



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