sábado, 11 de enero de 2014

Sonrisa agridulce

Hoy hace muchos años, a alguien que no está, le diagnosticaron linfoma de Hodgkin. A pesar del tiempo, el recuerdo de aquel día está intacto.
Habíamos quedado en vernos por la tarde, por la mañana tenía supuestamente una consulta rutinaria. Cuando llegué, su cara era de funeral, semblante serio, y con pocas ganas de hablar. Me acerqué y simplemente dos palabras me dirigió; se acabó.
De piedra me quedé, no entendía nada de nada. Las palabras poco a poco fueron fluyendo, contando como podía de que iba todo aquello. Me explicó con sus palabras, las palabras que horas antes le escuchara a su médico y en que consistía el tal linfoma del que yo nunca oyera hablar hasta ese momento.
Su postura era clara, nuestra relación que había acabado de comenzar iba a terminar a la de ya, sin opción de negociación posible.
Ya en aquel entonces era cabezota, y no acepté sus condiciones y negocié. No debí de hacerlo mal, pues desmonté cada uno de sus firmes argumentos. A pesar de ello, hay uno que no he olvidado y que demestra que clase de persona era él. Simplemente no quería que yo pasara la enfermedad con él, que tuviera que sufrir, ser en cierto modo viuda en vida. Al igual que le dije aquel día y repetiría si volviese a pasar, esa decisión era mía. Y decidí estar a su lado hasta el final.
Fui una ilusa, siempre pensé que aquello sería temporal y que como en los cuentos habría un final feliz. En el fondo creo que aunque fuese conocedora de antemano del desenlace hubiese decidido lo mismo. Así que día a día vi como una persona llena de vida se fue mermando por dentro. Y a pesar del dolor y demás, nunca borró su sonrisa y sus ganas de vivir, y poco a poco me contagió a mi su positivismo. Llegó a poner en mis labios una sonrisa que sigo manteniendo a día de hoy.
Me enseñó que por muchas dificultades y golpes que la vida te tenga preparados, se enfrentan mejor con la sonrisa puesta.
Hubo momentos muy duros, que no sé de donde sacaba la fuerza para seguir, animaba a los que le rodeaban en lugar de ser al revés. A su lado también aprendí, que todos tenemos más fortaleza de la que imaginamos y que la vida e. Demasiado efímera para desaprovechar los pequeños instantes.
Fueron meses complicados y llenos de buenos y no tan buenos recuerdos. Ganó más de una batalla y finalmente perdió la guerra, ya sentenciada casi desde el principio.
Hoy, me he acordado de aquél día de enero, es un recuerdo agridulce y en mi cara luce una sonrisa sincera, sonrisa que lleva tu nombre.


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