sábado, 25 de enero de 2014

Cenicienta

Siendo niñas, soñamos con encontrar al Príncipe, vivir una historia de cuento. Según vamos creciendo comprendemos que es una fantasía que nos ha vendido Disney, y que la vida es bastante diferente de esos cuentos ñoños llenos de irrealismo. A pesar de todo, nos terminamos enamorando. Buscamos soñar y que las mariposas revoloteen a nuestro alrededor y en nuestro estómago.
Llevamos una Cenicienta dentro, esperando que ese Príncipe nos pruebe el zapato, encaje y nos mire como nadie lo había hecho antes. Más de un caballero nos mirará, pero llevará el zapato equivocado, o que no nos sirva, o este pasado de moda o simplemente no nos guste.
Las que nacimos cenicientas, cenicientas nos quedamos. Resignadas a fregar suelos polvorientos, encender lumbres y a la compañía de los animalillos que de vez en cuando nos harán sonreír y cantar. Y mientras en algún lugar habrá alguien con nuestro zapato, buscando a su Cenicienta que nunca podrá encontrar.


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