lunes, 27 de enero de 2014

Espinas

Las espinas si no se sacan a tiempo terminan por infectarse y nunca cicatrizan bien. Hacen daño y cada cierto tiempo nos duelen y nos hacen confunfir la realidad, no siendo muy objetivos.
Hay personas que no tienen una clavada sino todas las del Rosal. Y aunque por momentos no las sienten, no les dejan disfrutar y entran en un círculo vicioso de dolor y de extrañas sensaciones de pesar y de culpabilidad.
Para quitarselas, hay que ser valientes. Arrancarse cada una de ellas es un proceso largo y lleno de dosis de paciencia. Sólo cuando nos desprendemos de la última, no empieza la verdadera cicatrización. Y después pueden volver a sentir, sin miedo que otra espina extraviada acierte a clavarse de nuevo en el corazón.
Pocas personas se libran de alguna espina clavada difícil de sacar, pero o se arranca de cuajo o se aprende a vivir con ella y con las consecuencias que acarrea.
Muchas personas refieren seguir con ellas, y no es más que una excusa para vivir anclados en el pasado y no avanzar hacia el futuro.
La cicatriz de una espina duele aunque no se vea, su rasguño siempre certero en el centro del corazón. Mejor la cicatriz que seguir con la espina clavada.


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