miércoles, 13 de abril de 2016

Burbuja

Y quieres encerrarte en tu burbuja,  no oír más que el ruido de tus pensamientos rebotar contra la frágil tel que te envuelve.  Te sientes débil,  vulnerable y pequeña ante la inmensidad.  
Te acurrucas en el suelo mullido y metes la cabeza entre las piernas, como no ver lo que suceda a tu alrededor te protegerá si algún ser o animal quiere acechar te.  
Buscas el silencio, como si en al encontrases la calma a tus preocupaciones, tranquilizara a ese torbellino de preocupaciones que inundan tu mente. 
En tu burbuja, ese castillo de naipes indebles que amenaza con derrumbarse con el primer suspiro que exhales. Ahí quieres quedarte, ajena a toso,  y si pudieras ajena a ti misma. 
En ocasiones necesitamos esa burbuja imaginaria que nos aísle, que nos haga sentirnos protegidos y que al mismo tiempo nos hace sensibles y presa fácil de caer en pensamientos no reconfortantes para quien se atormenta por los avatares de la vida. 
Y todo esa protección,falsa protección sentida, se desvanece con el abrazo sincero de quien nos entiende en nuestros silencios sin que de nuestra boca salga ni el más mínimo ruido. Y ya no necesitas más castillos que la fortaleza de esos brazos que te hacen sentir segura y te reconfortan con nueva energía para enfrentar lo que hay y lo que vendrá.  

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