sábado, 15 de noviembre de 2014

Cicatrices

Ni las cicatrices del pasado se pueden borrar, ni podemos evitar las heridas del futuro. Las heridas del pasado, están ahí, algunas dolieron tanto en su momento que pensamos que jamás cerrarían y menos aún que llegasen a cicatrizar. El tiempo hace milagros, y consigue que lime las asperezas de esas heridas, haciéndolas casi imperceptibles.
Del pasado hay heridas, heridas dolorosas. Tan dolorosas que solo con pasar la mano por ellas, podemos sentir, padecer y estremecenos. Siguen vivas, latiendo, y presentes.
Las cicatrices del pasado curan con facilidad, porque suelen ser chiquilladas, errores por juventud, y llenas de impetosidad y osadía.  Muchas son hechas por precipitarse, por querer comerse el mundo mientras el mundo nos devoraba.
Pero también las hay que no consiguen cicatrizar, esas que supuran apesar del tiempo, de los años. Esas que guardan algún trozo de metralla dentro, o porquería que no fue limpiada en su momento como se debiera. Las heridas mal curadas cicatrizan peor.
Por mucho que tengamos el cuerpo y el alma lleno de heridas del pasado, no podemos evitar las del futuro, siempre queda algún hueco para alguna más. Nos gustaría poder librarnos de marcarnos más, ya que eso significaría no sufrir. Pero la ausencia de cicatrices no es ausencia de dolor, y las marcas solo son la muestra de lo vivido y de lo sufrido, y así no olvidar.
 Así es la vida y cada herida, cada marca en nuestra piel y nuestra alma, hace quienes somos.


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