sábado, 1 de marzo de 2014

Carnavales

Empieza el carnaval. Rebuscados en el baúl de los disfraces y nos vestimos las galas de otros personajes que nunca llegaremos a ser. Nos transformamos en princesas, brujas, vecinos o lo más insospechado. Muchos hombres por una extraña razón se visten cada año de mujeres, algunos de manera burda, pero otros parecen verdaderas damas y eligen su vestuario con gran solemnidad, hasta sus maneras de moverse y caminar cambian.
Las mujeres no tenemos tanta fijación con vestirnos de hombres, buscamos otro tipo de disfraz y rara vez nos decantamos por algo masculino.
Algunas personas buscan esta época para esconder su timidez y sacar al extrovertido que llevan guardado el resto del año.
Hay personas que no necesitan máscaras, ya están disfrazados todos los días, de otra persona diferente a ellos mismos. No necesitan más atrevió que el que llevan cada día. Esos son los más difíciles de saber de que van, porque ni ellos mismos lo saben. Creen que se visten los trajes de sinceros, naturales y buenas personas, pero en el fondo no es más que un mero disfraz. Un disfraz que con el tiempo se va descosiendo y arrugando, llegando a no engañar a nadie más que a ellos que no ven el deterioro de su disfraz y de su máscara.
Prefiero disfrazarme en carnavales, una vez al año, que no ir vestida el resto de los días de alguien que no soy. Mi vestimenta de cada dia es una sonrisa, cara descubierta sin antifaces y la mirada limpia.

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