jueves, 2 de junio de 2016

Sensaciones. Visión de él . Relato

Sensaciones. Visión de él
“Hoy, tengo ganas de que conozcas hasta dónde puedes llegar, tengo ganas de que sepas qué es capaz de hacerte sentir tu cuerpo…” Tras mis palabras, un silencio en mi móvil…
“¿No sabes qué decir o tan solo te estás aguantando la risa? Jajajajajajajajaja” Mis carcajadas sonoras hacen que tú también te rías…
“No…es que…creo que ya soy grandecita para saber qué me puede ofrecer mi cuerpo…”
“¿Estás segura de esa afirmación? Bien, si después de lo que vamos a experimentar crees que ha sido una simple artimaña para tenerte a mi merced y que no has sentido nada extraordinario, podrás hacer conmigo lo que quieras durante 24 horas, repito, lo que quieras. Si en cambio, te sorprendo y realmente vives algo que no has vivido hasta ahora, seré yo el que disponga de ti durante 24 horas. ¿Aceptas la apuesta? (Sonrío)”
Casi no me dejas ni acabar la frase y me escupes un “Acepto.”, tu voz segura y rotunda, acentúa aún más mi sonrisa más perversa…
“Perfecto, escogeré yo el sitio, si no te importa, mañana a las 11:00 de la mañana en la calle Anne Desclos, número 54”
Como siempre, tu puntualidad rivaliza con la mía y me encuentras apoyado a la pared, fumando un cigarro y excesivamente sonriente…
“¿Subimos preciosa?”
“Por supuesto, caballero…” (Se nota a leguas tu nerviosismo…)
Sin preámbulos, nos adentramos en un edificio de apartamentos de época modernistas, venidos a menos, pero que aún conserva ese encanto de las cosas viejas bien cuidadas y sin saber ni cómo hemos llegado, cierras la puerta tras de mí…
Estamos en una habitación, luminosa, con grandes ventanales, difuminados por unas cortinas de gasa blanca que dan privacidad a las escenas de la calle, el color blanco nuclear de las paredes, casi deslumbra, el Sol invade la estancia, dando una calidez impropia en abril, la temperatura es más que agradable; el olor a suavizante impregna toda la habitación, es de lavanda…
La habitación está presidida por una cama enorme, con armazón forjado, el cuál miro de reojo y sonrío, mientras separo la cortina y fijo mi mirada en esas motitas de polvo que, con un ángulo perfecto, salen de la ventana hacia el suelo, de un color incandescente por el baño de los rayos de Sol que entran impetuosos en nuestro pequeño reducto de pareja; a los pies de la cama, un pequeño diván a modo de galán de noche de color beige y patas de madera tallada, muy rococó, te sientas en él, con las piernas cruzadas, buscando mi mirada, imaginando qué va a pasar; dejó pasar unos segundos, los justos para que no sepas a qué atenerte, te miro y me acerco, al llegar a ti, me genuflexiono y mientras busco tu cuello para besarlo, saco de no sé sabe dónde, un pañuelo de seda de color blanco, el cual situó con delicadeza en tus manos y mirándote a los ojos te susurro “Confía en mí, mi niña” asientes con la cabeza y te apartas el pelo para que pueda vendar tus ojos, lo hago de manera muy, muy delicada, sin oprimirte en absoluto, justo antes de perder tus ojos de vista, me detengo un segundo, suspiro y sin dejar de mirar esos ojos que me vuelven loco, te beso con pasión…
Te cojo de la mano y te incorporo, en un movimiento lento, pausado, sin brusquedad, te pones de pie y tus manos buscan las mías, las cuales entrelazo con fuerza mientras te beso y te susurro que te dejes llevar, me contestas “No sé, no sé, que tú eres muy peligroso jajajajajajajajaja”
Estás de pie, con tus ojos (Esos ojos que me iluminan) vendados y yo, me sitúo justo detrás de ti, pegando mí cuerpo al tuyo, tanto que no sé si es tu cuerpo, el mío o el de ambos, te cojo de las caderas y te beso el cuello y te susurro:
“¿Notas ese calor? ¿Notas ese cosquilleo? Concéntrate, nota como el calor te invade, como ese cosquilleo que nace en tu estómago se dispersa por todo tu cuerpo, como llega hasta tu nuca y hace que tu piel se salpique y acabes teniendo piel de gallina…”
 Asientes y me buscas, “No, espera, siente…”
“Nota mi calor, como mi cuerpo busca el tuyo, como tu cuerpo se adapta al mío, como mi calor se funde y alimenta el tuyo, destilas sensualidad, nota tu espalda, levemente arqueada, tus músculos algo tensos, tus piernas algo separadas, aunque te apetece abrirlas un poquito más, solo un poco más, el calor te obliga a ello, hazlo, déjate llevar, tu cuerpo es ahora el que manda…”
Mientras dejo que cojas consciencia de mis susurros y de tu nuevo descubrimiento, desabrocho tu blusa y te la quito, doblándola perfectamente y dejándola en el diván, te quito el sostén y dejo tu pecho al aire, pero esta vez, no me separo y mi cuerpo se adhiere al tuyo.
Sé perfectamente que un escalofrío recorrerá en cuestión de fracciones de segundo tu espinazo, provocando que tu cuerpo haga un movimiento brusco que amortiguo con el mío, te cojo de la cintura y hago que mi calor, se vuelva a mezclar con el tuyo y desaparezca por completo ese escalofrío que casi te parte, me separo y dejo en el diván, encima de la blusa, tu sujetador, tus manos me buscan pero sigues sin moverte, no tardo en cogértelas y entrelazarlas a las mías…dejo una de tus manos y me desabrocho mi camisa, con más pena que gloria, hacerlo con una mano, no me está resultando nada fácil y ahora notas mi pecho contra tu espalda, ahora ya puedes notar la pasión que desatas en mí, te susurro:
 “¿Lo notas? ¿Notas mi respiración? ¿Notas mi pecho?” mientras te susurro, mis manos están entrelazadas a las tuyas…Asientes…
Separo mis manos de las tuyas; mis manos buscan tu torso, mi torso busca tu espalda, mis manos empiezan a acariciarte, pero tan suave que casi es una cosquilla, tu piel vuelve a salpicarse y esta vez, sé que no lo evitaré dándote mi calor, tampoco lo busco, busco que el escalofrío te haga sentir, te ha descubrir el poder de una caricia, cómo reacciona tu cuerpo a una caricia extrema, a un mimo sin medida; aprietas los puños, lo noto, arqueas algo más la espalda y los músculos de tu torso se tensan, intentas mantener la cabeza en un perfecto plano vertical, pero te está resultando bastante difícil, desistes y dejas que la cabeza se incline hacia atrás y hacia la derecha, permitiéndome, hacerme amo y señor de tu cuello, el cual muerdo sin piedad de manera suave y delicada; mis caricias, sencillamente, te están matando, entre mis susurros, algún mordisco intempestivo y mis caricias, tu cuerpo solo te pide que lo cubran por completo, tú estás empezando a perder la voluntad y sólo piensas en cuándo llegará la próxima sensación por descubrir, cuándo te envolverá esa punzada de placer…
 “Ahora ya sabes qué es sentir…”
 “¿Imaginas qué sentirás, a partir de ahora, en un orgasmo?”
 “No lo imagines…siente…”
Me vuelvo a agachar y te quito la falda, los zapatos, las medias, tu ropa interior, lo ordeno todo perfectamente, mientras de reojo veo que te giras buscándome y con una risa medio pícara, medio burlona, te digo “Mi niña, no hagas eso o te vas…” no me da tiempo acabar la frase ante tu desequilibrio y tengo que agarrarte para que no te caigas “O te vas a caer jajajajajajajajaja” nos reímos “No me haces caso y quieres adelantarte, hoy, estás en mis manos, disfruta y siente, tan solo te pido eso, si, mi niña? Asientes…
Y vuelvo a empezar, vuelvo a castigarte, sin dejarte ni respirar, caricias y más caricias, mi respiración me delata, eres mi debilidad y ver cómo te excitas, me mata, ya no puedo aguantar más y busco tu sexo para acariciarlo, lo hago con una suavidad sibilina, quiero alargar tu placer, nada más rozar tu sexo con las yemas de mis dedos, te susurro:
“Notas esa oleada de placer que acaba de salir disparada desde tu entrepierna a tu cabeza? ¿Notas tu espalda totalmente arqueada? ¿Notas como tus músculos se tensan? ¿Notas como tus piernas se abren cada vez más para facilitarme que te acaricie? ¿Notas tu respiración, entrecortada, esos pequeños suspiros? ¿Notas esa humedad que tienes en tu sexo? ¿Ese calor que acaba de abrasarte las mejillas? Tus manos me buscan, buscan mi piel, necesitan tocarme ¿Lo notas?”
 “si i i  iii” No puedes ni articular el sí…
 Sigo acariciándote, y tú, ya has perdido el control, lo noto y mi cuerpo se prepara para ser el apoyo del tuyo, en breve, te va a costar muchísimo mantenerte erguida, lo sé, pero no lo voy a evitar, al contrario, voy a subir el ritmo para que eso suceda, quiero que sientas como tus piernas no son capaces de reaccionar y tus músculos se tensan tanto que no puedes ni moverte, el placer te va a inmovilizar…
Te asustas cuando notas eso “shhhhhh tranquila mi niña, sólo siente, déjate llevar, deja que tu cuerpo reaccione como él quiera, estoy aquí, no te va a pasar nada, sólo siente…” te dejas caer a plomo, mientras sigo acariciándote, tus rodillas están bastante flexionadas, tu cabeza totalmente apoyada en mi hombro y tú, ya no estás, no sabes si te has corrido o no, si es placer o qué es, sólo sabes que ya no puedes recuperar el control y yo, intensifico mis caricias y busco tu orgasmo, el cual no tarda en llegar, ya estás totalmente vencida y sólo dejas que el placer te embargue, mi cuerpo te sostiene por completo, tus gemidos empiezan a ser bastante más sonoros y roncos, noto como el orgasmo empieza a brotar, tu espalda se  arquea como un arco y tus músculos se tensan como la cuerda de una guitarra, notas como casi se rompen, esa mezcla de dolor-placer es indescriptible, te deja sin respiración y no puedes evitar, entre gemidos, buscar bocanadas gigantes de aire, no sabes cuánto llevas corriéndote pero te parece una verdadera eternidad y justo cuando crees que vas a partirte como un cristal al caer al suelo, ese sabor dulce, muy dulce y esa bajada de intensidad de placer que te devuelve muy lentamente a la realidad y empieza a soltar de su cautiverio al resto de tus sentidos, empiezas a tener mucho calor, empiezas a notar que tus rodillas vuelven a erguirse, que tienes la boca seca de tanto gemir, que el olor a lavanda lo estás aborreciendo, que quieres coger mis manos, tirar la venda a tomar por saco y besarme como nunca, pero yo te freno en seco, te cojo en volandas y te dejo en la cama, mientras te susurro “Ni te muevas o te caerás…”  me besas para callarme y al notarte la cama y mi cuerpo pegado al tuyo, te acurrucas buscando ese huequecito que ya lleva tu nombre entre mis brazos y mi pecho, te quitas la venda y sin abrir los ojos, buscas mis ojos con tus labios…

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